Hubo una vez un ambicioso proyecto en Microsoft, que buscaba crear la versión más perfecta de su sistema operativo: Windows 9. Los ingenieros trabajaron día y noche, convencidos de que este sería el software que revolucionaría la informática. Lo llamaron “El Noveno Cielo”, por su cercanía a la perfección.
Sin embargo, al llegar el momento de la verdad, se encontraron con un problema inesperado y casi insalvable: millones de líneas de código de programas antiguos, escritos para Windows 95 y Windows 98, contenían una instrucción sencilla pero crucial. Esta instrucción buscaba el nombre de la versión para saber si era compatible. Desafortunadamente, muchos desarrolladores utilizaron una técnica abreviada, buscando simplemente si el nombre del sistema empezaba con “Windows 9”.
El equipo de Windows 9 intentó de todo para solucionar el problema. No podían cambiar el nombre del sistema, ni reescribir todo el software del mundo. El dilema era frustrante: si lanzaban Windows 9, los programas antiguos dejarían de funcionar, creando un caos global. Si no lo hacían, años de trabajo se irían por la borda.
En un último esfuerzo desesperado, un joven programador llamado Alex propuso una solución radical. “No podemos lanzar Windows 9”, dijo, “pero ¿quién dice que no podemos lanzar Windows 10?”.
La idea era brillante en su simplicidad. Al saltarse el número 9, los programas antiguos no encontrarían la coincidencia y seguirían funcionando sin problemas. La versión, aunque no se llamaría “El Noveno Cielo”, sería la décima en la línea principal de sistemas operativos de la empresa, simbolizando un avance audaz hacia el futuro.
Y así fue como Windows 10 nació, como un tributo silencioso a la versión que no pudo ser, pero que salvó la compatibilidad y evitó un desastre informático a gran escala. El salto de la numeración se convirtió en un secreto bien guardado entre los ingenieros, un recordatorio de que a veces, la solución más simple es también la más ingeniosa.
La realidad
Si bien la historia es ficticia, la razón detrás del salto de Windows 8 a 10 es muy parecida. La razón principal fue evitar problemas de compatibilidad. Los desarrolladores querían evitar que el sistema operativo Windows 9 fuera confundido con las versiones de Windows 95 y Windows 98, ya que algunos programas antiguos podrían interpretar la nueva versión como una de las anteriores, lo que podría generar errores de funcionamiento. El salto al número 10 fue una forma de garantizar que el nuevo sistema fuera reconocido correctamente como una versión completamente nueva.





























